“El arte abstracto
no tiene reglas.”
Mentira.
Decir que el arte abstracto no tiene reglas es confundir libertad con hacer cualquier cosa. Composición, equilibrio, ritmo, azar y criterio siguen importando aunque las reglas no estén escritas.
En pintura abstracta puedes hacer lo que te salga de los cojones. Otra cosa es que funcione.
¿El arte abstracto tiene reglas?
Sí.
Pero no estoy hablando de un reglamento con treinta artículos que diga:
“La mancha roja debe estar exactamente a 17 centímetros de la esquina.”
Eso sería absurdo.
Lo que existen son principios visuales, decisiones y relaciones entre los elementos de una obra.
Hay composición.
Hay equilibrio.
Hay ritmo.
Hay tensión.
Hay color.
Hay espacio.
Hay zonas que necesitan respirar y otras que necesitan peso.
Y después está algo todavía más importante:
saber cuándo romper todo eso.
No hay un reglamento. Hay criterio.
Esta diferencia para mí es fundamental.
Cuando alguien dice que el arte abstracto no tiene reglas, muchas veces lo que realmente quiere decir es:
“Puedes hacer cualquier cosa.”
Sí.
Puedes.
Yo mañana puedo coger veinte colores, tirar tres litros de pintura encima de un lienzo, darle dos patadas y terminar con una línea negra.
Nadie va a detenerme.
Pero que pueda hacerlo no significa que el resultado funcione.
Porque la libertad artística no elimina la necesidad de tomar decisiones.
Al contrario.
Cuanta más libertad tienes, más importante se vuelve tu criterio.
Pintar abstracto no es hacer cualquier cosa. Es poder hacer cualquier cosa y saber qué merece quedarse.
La composición sigue existiendo aunque no haya figuras
Cuando pintas un retrato resulta bastante fácil entender que existe una composición.
Está la cara.
El cuerpo.
El fondo.
Los objetos.
Todo ocupa un lugar.
Pero cuando desaparece la figura, algunas personas creen que desaparece también la composición.
Pues no.
Una mancha pesa visualmente.
Una línea dirige la mirada.
Un color puede dominar todo el lienzo.
Una zona vacía puede hacer que otra tenga muchísima más fuerza.
Mueves una mancha veinte centímetros y puedes cambiar el cuadro entero.
Eso es composición.
Qué elementos dominan visualmente la obra.
Hacia dónde llevan las líneas, manchas y gestos.
Qué ocurre entre unas zonas y otras.
El espacio que permite respirar al resto.
Equilibrio no significa simetría
Un cuadro puede estar completamente desequilibrado geométricamente y, sin embargo, funcionar visualmente de puta madre.
¿Qué significa equilibrio en pintura abstracta?
No significa poner exactamente lo mismo a la derecha que a la izquierda.
Eso sería simetría.
El equilibrio puede ser completamente asimétrico.
Una enorme mancha negra en una esquina puede compensarse con un pequeño elemento rojo en el lado contrario.
Una zona muy cargada puede necesitar muchísimo espacio vacío alrededor.
Una línea mínima puede equilibrar una masa enorme si tiene suficiente fuerza visual.
Y esto es algo difícil de explicar con una fórmula.
Lo ves.
Lo sientes.
Te alejas del cuadro.
Vuelves.
Y sabes que algo pesa demasiado o que algo falta.
El ojo también aprende.
El ritmo también se pinta
El ritmo no es algo exclusivo de la música.
Una pintura también puede tenerlo.
Una repetición.
Una secuencia de puntos.
Una línea que aparece, desaparece y vuelve a aparecer.
Formas que se repiten con pequeñas variaciones.
Espacios entre elementos.
Todo eso hace que tu mirada recorra una obra de una determinada manera.
Puedes tener un ritmo tranquilo.
Violento.
Caótico.
Repetitivo.
Incluso puedes romperlo deliberadamente.
Pero primero tiene que existir algo que puedas romper.
El color tampoco se mete porque sí
Podrías utilizar todos los colores de la puta carta Pantone.
Eso no haría mejor el cuadro.
Cada color nuevo empieza a relacionarse con los demás.
Un rojo puede acercarse visualmente.
Una zona oscura puede hacerse pesada.
Un amarillo pequeño puede convertirse en el centro absoluto de atención.
Un color puede unir dos zonas o separarlas.
Puede equilibrar.
Puede gritar.
Puede desaparecer.
Y también puede sobrar.
Por eso muchas veces limitar una paleta es bastante más difícil que abrir veinte botes y empezar a repartir color.
Más colores no significa más pintura. Muchas veces solo significa más ruido.
¿Y el azar? ¿Eso también tiene reglas?
El azar me interesa muchísimo.
Puedes tirar pintura.
Dejar que chorree.
Inclinar el cuadro.
Mezclar dos materiales sin saber exactamente qué va a pasar.
Y ahí puede aparecer algo que tú jamás habrías diseñado conscientemente.
De puta madre.
Pero después llega una parte que el azar no puede hacer por ti.
Decidir.
¿Esa mancha se queda?
¿La tapas?
¿La repites?
¿Cambias todo lo demás por culpa de ella?
¿O acabas de hacer una mierda y tienes que empezar otra vez?
El azar propone. El artista decide qué sobrevive.
El espacio vacío también es una decisión
Este es uno de los errores más fáciles de cometer cuando empiezas a pintar abstracto.
Ves un hueco y piensas:
“Aquí falta algo.”
Y metes una mancha.
Después otra.
Luego una línea.
Después un color.
Y cuando terminas no queda un puto centímetro donde el cuadro pueda respirar.
El vacío también construye.
Hace que algo destaque.
Separa.
Da tensión.
Crea silencio.
Y muchas veces dejar una zona sin tocar necesita bastante más seguridad que llenarla.
Saber cuándo parar también es una regla
Esta probablemente sea una de las más jodidas.
Porque siempre puedes añadir algo.
Otra línea.
Otra mancha.
Otro color.
Otro gesto.
El lienzo nunca te bloquea físicamente y te dice:
“Se acabó. Ya no cabe más pintura.”
Tú tienes que decidirlo.
Y muchas veces una obra está terminada bastante antes de que el artista deje de tocarla.
Por eso una de las decisiones más importantes en pintura no es qué añadir.
Es saber cuándo cualquier cosa que añadas empieza a tener más posibilidades de joderla que de mejorarla.
¿Romper las reglas está mal?
No. De hecho, muchas de las cosas más interesantes empiezan precisamente cuando dejas de obedecerlas.
Romper una regla no es ignorarla
Esta es para mí la diferencia importante.
Puedes romper una composición.
Desequilibrarla a propósito.
Meter un color que aparentemente no debería funcionar.
Romper un ritmo.
Pintar encima de la zona que mejor funcionaba.
Dejar un espacio absurdamente grande.
Hacer exactamente lo contrario de lo que se supone que tendrías que hacer.
Perfecto.
Ahí pueden pasar cosas de cojones.
Pero hay una diferencia enorme entre romper conscientemente algo porque buscas otro resultado...
y que simplemente te haya salido mal.
La transgresión necesita intención.
¿Cómo saber si una pintura abstracta funciona?
No existe una respuesta matemática.
Pero puedes empezar haciéndote preguntas bastante sencillas.
¿Dónde se va mi mirada primero?
¿Hay una zona que pesa demasiado?
¿El cuadro respira?
¿Los colores están dialogando o pegándose de hostias?
¿Hay algo que claramente sobra?
¿Si añado otra cosa realmente mejora?
¿Hay tensión o simplemente caos?
¿Estoy tomando decisiones o solo acumulando cosas?
Y después viene la parte que necesita años:
aprender a responderlas casi sin formularlas.
“El arte abstracto no tiene reglas.”
Lo que ocurre es que muchas veces las reglas no están escritas.
Y tampoco son iguales para todos.
Cada artista acaba construyendo sus propios límites.
Sus ritmos.
Sus obsesiones.
Sus maneras de equilibrar.
Sus formas de romper.
Y precisamente cuando entiendes todo eso empiezas a poder jugar con ello.
Es saber cuándo romperlas. — KASTRO