EXPRESIONISMO
Pintar antes de pensar.
Mi obra expresionista nace del gesto, de la tensión y de una necesidad casi física de intervenir el lienzo. No parte de una imagen cerrada ni de una composición completamente decidida. Empieza con una intuición, una mancha, un movimiento o un accidente, y desde ahí la pintura va encontrando su propia dirección.
Trabajo con capas, contrastes, impulsos y correcciones. A veces una zona se construye y otras veces se destruye para volver a empezar. Me interesa esa fricción entre el control y lo inesperado, entre lo que intento hacer y lo que la propia materia termina proponiendo.
No busco una pintura perfecta ni una superficie completamente resuelta. Busco intensidad, presencia y una cierta verdad en el gesto. Que cada trazo conserve algo del momento en que fue realizado y que la obra mantenga viva esa energía incluso cuando ya está terminada.
La pintura, para mí, no tiene que explicar una emoción ni representar algo reconocible. Puede funcionar de una manera más directa: como una huella, una descarga, una tensión que permanece en el espacio.
La obra no intenta contar lo que siento. Intenta hacer visible la intensidad de haberlo vivido.