La materia convertida en presencia

La obra escultórica de Kastro traslada su lenguaje visual fuera del lienzo y lo convierte en volumen, equilibrio y espacio. Cada pieza nace como un objeto artístico con identidad propia, pero también como parte de un universo más amplio en el que la materia, el tiempo, la imperfección y la conexión humana adquieren una presencia física.

Las esculturas no se limitan a ser observadas desde un único punto. Cambian con la luz, la distancia y la posición del espectador. Sus formas, texturas y vacíos construyen una relación directa con el entorno y convierten cada obra en una experiencia que debe recorrerse visualmente.

En algunas piezas domina la tensión entre estructura y transformación; en otras, la ironía, el color y la belleza de aquello que no es perfecto. Kastro utiliza la escultura para explorar cómo un objeto puede contener memoria, movimiento y significado sin necesidad de representar la realidad de forma literal.

Dentro de esta línea se desarrollan dos universos principales:

Kronos, una investigación sobre el tiempo, la evolución y la huella que permanece.

Donuks, esculturas reconocibles por su forma circular y su mordida, símbolo de identidad, deseo e imperfección.

Dos lenguajes diferentes unidos por una misma intención: crear piezas con una fuerte presencia visual y una historia capaz de permanecer más allá de su forma.

Kronos

El tiempo convertido en materia

Kronos es una colección escultórica construida alrededor del tiempo: aquello que avanza, transforma, desgasta y deja huella.

Sus formas se desarrollan mediante estratos, repeticiones, cortes y estructuras que parecen contener diferentes momentos dentro de una misma pieza. Cada capa representa una experiencia acumulada; cada irregularidad, una señal del proceso vivido.

Las esculturas de Kronos no buscan representar el tiempo de manera literal. Lo convierten en volumen, textura y tensión. Algunas formas parecen crecer o desplazarse; otras permanecen contenidas, como si conservaran una memoria interna. La luz modifica su lectura y revela superficies, vacíos y relieves distintos según el punto desde el que se observan.

En esta colección, la imperfección no es un defecto, sino la prueba de que algo ha sucedido. La materia conserva las marcas de su transformación y convierte cada escultura en una especie de cronología visual.

Kronos habla de lo que cambia, de lo que permanece y de todo aquello que el paso del tiempo deja en nosotros.

Donuks

La belleza de lo incompleto

Donuks es una colección escultórica que parte de una forma reconocible y cotidiana para transformarla en un objeto artístico con identidad propia.

La forma circular del donut funciona como símbolo de continuidad, deseo y repetición. Sin embargo, cada pieza aparece marcada por una mordida, una ausencia que rompe la perfección del círculo y se convierte en el elemento esencial de la obra.

Esa falta no pretende corregirse ni ocultarse. Al contrario, define a la pieza.

Donuks habla de la imperfección como rasgo de identidad: de aquello que nos diferencia, de las marcas que acumulamos y de cómo una ausencia puede llegar a tener tanta presencia como la propia materia.

El color, la textura y las intervenciones sobre la superficie permiten que cada Donuk desarrolle una personalidad diferente. Algunas piezas se relacionan además con el universo Kriatures, donde las pequeñas figuras recorren, ocupan y transforman la escultura, convirtiendo su superficie en un territorio habitado.

Entre el pop, la escultura contemporánea y el lenguaje personal de Kastro, Donuks transforma un objeto familiar en una reflexión sobre identidad, deseo e imperfección.

Porque lo perfecto puede pasar desapercibido. La diferencia es lo que deja huella.

Un mismo universo, tres formas de existir

Klásicos, Génesis y Kaóticos no son colecciones desconectadas. Son tres maneras de explorar una misma realidad.

En Klásicos, las Kriatures construyen el espacio desde el vacío.
En Génesis, conquistan una mancha que se convierte en origen.
En Kaóticos, habitan la energía y la tensión de la pintura expresionista.

En todas ellas permanece la misma idea: cada individuo ocupa un lugar, proyecta una huella y modifica el mundo que comparte con los demás.

Porque ninguna presencia es insignificante. Incluso dentro de la multitud, cada Kriature cuenta.